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Castillo de l’Alcalatén

Los vestigios de la presencia musulmana en el término municipal de l’Alcora son relativamente abundantes, destacando por su singularidad e importancia el castillo de l’Alcalatén, que da nombre a la comarca.

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Cultura Ibérica

El término municipal de l’Alcora contiene numerosos testimonios del paso de las civilizaciones pretéritas por nuestras tierras.

L´Alcora: su historia

El término municipal de l’Alcora contiene numerosos testimonios del paso de las civilizaciones pretéritas por nuestras tierras, pero es a partir de la Cultura Ibérica cuando l’Alcora presenta una relativa abundancia de yacimientos, destacando de entre ellos los poblados de Montmirà y el Tossal de les Foies. La dominación romana dejó también su huella en nuestro término municipal, en las partidas de Montmirà, la Perereta y, sobre todo, Santa, donde existen vestigios de un gran asentamiento rural de época imperial, junto al Camí dels Bandejats, que unía la zona prelitoral con las tierras altas del interior, y cuyo origen pre-romano parece más que probado. El asentamiento romano de Santa está siendo excavado y se han recuperando las termas romanas únicas en la provincia de Castellón En la partida de Santa también han sido halladas varias lápidas sepulcrales con epígrafe latino, hasta un total de 8, algunas de ellas ya citadas por el príncipe Pío de Saboya en el siglo XVIII.

Los vestigios de la presencia musulmana en el término municipal de l’Alcora son relativamente abundantes, destacando por su singularidad e importancia el castillo de l’Alcalatén, que da nombre a la comarca. Igualmente musulmán es el origen del topónimo y del núcleo de población de l’Alcora, en cuyo centro histórico se conservan algunos elementos urbanísticos y arquitectónicos de innegable raíz islámica. El 24 de julio de 1233 la fortaleza y territorios de l’Alcalatén son tomados por las huestes de Ximén d’Urrea. En los años siguientes se erige a los pies del castillo una ermita de estilo de transición románico-gótico, típico de la reconquista, bajo advocación del Salvador. El 31 de diciembre de 1305 se otorga Carta Puebla a l’Alcora. Por ella, D. Juan Ximénez d’Urrea, quinto descendiente directo de Ximén d’Urrea, da a poblar la “puebla de Alcora de Alcalatén”, según fuero y costumbre de Aragón, a 11 caballeros y miembros de la nobleza con la condición de traer 110 pobladores más, y reservando parte de las tierras para los moros que quisieran permanecer en la villa. A partir de la concesión de la Carta de Población, l’Alcora va creciendo en tamaño y población en detrimento de la Villa del Castillo de l’Alcalatén. El 31 de diciembre de 1336 Juan Ximénez d’Urrea concede mandas para el sostén y construcción de la iglesia de l’Alcora. De esta época conserva la iglesia parroquial algunos elementos góticos, enmascarados por las sucesivas remodelaciones y ampliaciones de que ha sido objeto. Fecha de especial significación histórica para la comarca de l’Alcalatén es 1418. Según Concordia firmada por los municipios de Llucena y l’Alcora, se acuerda entre ambos el reparto de las tierras del poblado de l’Alcalatén, situado a los pies del castillo homónimo, que había entrado en una profunda crisis poblacional durante el siglo XIV. El documento se conserva en el archivo histórico de Llucena. Entre los restos arquitectónicos adscribibles a estos siglos cabe destacar dos arcos apuntados localizados en la plaza del Patio, junto al trazado de la muralla medieval de l’Alcora, de la que quedan vestigios en numerosos puntos del casco antiguo de la ciudad. También merece mención el antiguo Ayuntamiento, hoy rehabilitado como Casa de la Música, que guarda en su sótano cuatro arcos góticos apuntados, un arco rebajado renacentista y un pequeño lienzo de tapial.

El siglo XVI está marcado por la figura del venerable cura Bertrán, nacido en Atzeneta del Maestrat en 1530, nombrado cura párroco de l’Alcora en 1575, fallecido en nuestra ciudad en 1601 e impulsor de la primera ampliación del antiguo templo parroquial gótico, dándole el carácter renacentista que predomina en la actualidad. Dejando al margen, por su particular significado en la historia de l’Alcora, el nacimiento, desarrollo, declive y cierre de la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, que será tratada en capítulo aparte, el siglo XVIII conlleva el origen de dos tradiciones fuertemente arraigadas en l’Alcora, exponente máximo de la religiosidad tradicional y, en la actualidad, de los ciclos festivos de primavera (Semana Santa-Pascua) y verano (Fiestas del Cristo). En 1701 está documentada la primera procesión del Cristo, a raíz del hallazgo milagroso de su talla en una casa de la “Costera de l’Advocat”. Por otra parte, en 1756 se concreta el origen de la romería del “Rotllo” que desde entonces se celebra el lunes de Pascua. El siglo XIX se inicia en l’Alcora con un alzamiento popular, el 25 de septiembre de 1801, conocido como “Revolta dels Caragols” por ser convocadas las reuniones de los subversivos a toque de caracola. La causa de la revuelta fue la negativa del campesinado a pagar el diezmo de algarrobas al Duque de Híjar, no reconociendo como señor de la villa más que al rey. Su cabecilla fue Francisco Gascó, labrador acomodado, que actuó junto a “otros más pudientes y de mayor representación en el concepto del público”. Las Guerras Carlistas tendrán en l’Alcora episodios destacados, como el acaecido el 21 de marzo de 1838 en Sant Cristóbal entre las tropas del general isabelino Borso di Carminati y del rebelde carlista Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, que mantuvo la posición contando tan solo con una pieza de artillería. En 1874 y 1875, durante la Tercera Guerra Carlista, la montaña de San Cristóbal también será escenario de notables hechos de armas.

L’Alcora es fundamentalmente agrícola hasta 1960, y casi exclusivamente industrial a partir de esta fecha. Por ello los principales hechos de la primera mitad del siglo giran en torno al sector primario: creación de la Comunidad de Regantes de la Huerta Mayor y el Sindicato de Riegos (1905), construcción de un nuevo pozo para riegos en el azud del río (1907), fundación de la Caja Rural y el Sindicato Agrícola de San José (1925), canalización del agua de la font d’Aixart a la población (1927), inauguración del pantano de l’Alcora (1954), con capacidad para 2’2 hm3. El desarrollo industrial, centrado en las tantas veces mencionado “monocultivo del azulejo”, tiene su origen histórico en la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, fundada en 1727. Pero será en el primer tercio del siglo XX cuando comience el desarrollo del azulejo con carácter puramente industrial. En 1930, l’Alcora contaba con 9 fábricas de azulejos. La Gran Crisis de 1931 actuará de forma implacable sobre el sector cerámico: en 1936 sólo quedaban 3 de las 9 fábricas inventariadas pocos años atrás. Tras la Guerra Civil se reanuda lentamente la actividad fabril, y sólo a partir de los años 60 se producirá la verdadera eclosión industrial y a su vez demográfica, pasando l’Alcora de 5.274 habitantes en 1960 a 7.036 en 1970, y sobrepasándose por primera vez la barrera de los 10.000 habitantes en 2003 (10.040 habitantes).

Orígenes

DONACIÓN DE ALCALATÉN A:
DON PEDRO XIMÉN DE URREA

1º Señor de la Thenencia y Honor de Alcalatén.

Montaje documental y traducción texto:
José Manuel Puchol Ten. Cronista Oficial de l ́Alcora. Noviembre 2.011.
Yo, Pedro Juan, escribano real, por mandato del rei mi señor, doy fe, de que he redactado fielmente de mi puño y letra la gracia que el rey ha concedido al Noble Don Ximén de Urrea, y que por mandato también de mi señor, rey Don Jaime I, hago público para conocimiento de los nobles, caballeros, clérigos y demás cortesanos, así como a los vecinos de la Pobla y Alcalatén allí residentes.