TERRISSA

Cuando el conde de Aranda instala • lar la Real Fábrica de Loza y Porcelana en Alcora, se fijó en diversas ventajas que le ofrecía esta población de sus dominios señoriales, como la proximidad al mar (para favorecer el exportación de los productos), pero sobre todo la existencia de un importante sector alfarero, lo que significaba abundancia de materias primas (arcilla, leña, agua) y también mano de obra especializada capaz de encargarse de algunos departamentos de la su manufactura (turnos, hornos, preparación de la arcilla ...).

En efecto, el siglo XVIII es probablemente el periodo álgido de la alfarería en Alcora. Es posible que a lo largo de esta centuria hubiera siempre más de 20 alfarerías, tejares y ladrilleros trabajando al mismo tiempo y conviviendo con la Real Fábrica. Pero el origen de este sector es muy anterior: a finales del siglo XVI hay documentados 8 alfareros, siendo la cita más antigua hasta ahora la que se refiere a Baltasar Llidó (1546).

De estas sagas de alfareros, 2 llaman especialmente la atención: los Redolat, con 12 generaciones de alfareros y ladrilleros (desde 1578 hasta la década de 1950), y los Nomdedéu, últimos alfareros de Alcora, que cerraron su alfarería en 2002 tras generaciones y más de 200 años de profesión.

La dilatada tradición alfarera de Alcora está representada en el Museo por una col • colección completa de la producción del taller de la familia Nomdedéu, más de un centenar de piezas y • lustratives los numerosos usos de la cerámica popular: cántaros y garrafas para al agua, jarras de aceite y para conservar alimentos, barreños para la matanza del cerdo, comederos y bebedoras para los animales de corral, barreños para la colada, etc. Además de estas piezas de producción reciente (década de 1990), se conservan también extraordinarias piezas antiguas, como dos grandes jarras de aceite de unos 800 litros de capacidad, de mediados del siglo XIX, obra del taller de los Aicart; dos jarras de vino del taller de Gabriel Redolat (finales del siglo XVI), recuperadas de la bóveda de la iglesia de la Sangre, una jarra de aceite firmada por Pere Joan Nomdedéu y fechada en 1925, y algunas tejas del taller de José Montañés, de la segunda mitad del siglo XVIII y recuperadas también de la iglesia de la Sangre.

La col • colección se completa con el utillaje del taller de los hermanos Nomdedéu Medina, cerrado en 2002, con todas las herramientas utilizadas en el proceso de trabajo en la alfarería (horcas y palas para el horno, cañas, palillos y agujas para trabajar el barro, los barreños de esmaltar, ferrocarriles y Falquet para cargar el horno, discos o rodillos para tornear las piezas ...). Destaca, por encima de todo, un turno de pie procedente de la Real Fábrica, adquirido por Pere Joan Nomdedéu en 1944 y datado hacia mediados del siglo XIX, a juzgar por el desgaste producido por la presión del pie en las dos caras de la rueda inferior o falda.