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APUNTES DE PATRIMONIO CONTRA EL CONFINAMIENTO # 13

LA CAMPANILLA DE LA FÁBRICA GRAN

1944 la Fábrica Grande, como se conocía entonces la Real Fábrica, fue parcialmente demolida para aprovechar las tejas y otros materiales de construcción. Entre los elementos que desaparecieron, buena parte de la casa-palacio de los Híjar y la espadaña que destacaba en la fachada, junto a la puerta principal, que tan familiar nos resulta por la fotografía de José Gartner (c.1909), publicada por el conde de Casal en su "Historia de la Cerámica de Alcora" (Imprenta Fortanet, Madrid, 1919).

El encargado de retirar la escombro 1944 fue Manuel Granell Ramos. De entre todos los materiales, pudo rescatar una pequeña campanilla, la más pequeña de las 2 que había en la espadaña, de 16 cm de diámetro y 30 cm de altura, aproximadamente, incluyendo la cerda de madera. Desde entonces, este preciado tesoro de la Real Fábrica ha sido custodiado por su hija, María Granell Andrés, que ha aceptado, en representación de la familia, cederla en depósito en el Museo, donde está expuesta desde el 1 de febrero de 2020.

Las primeras Ordenanzas de la Real Fábrica (1727) establecen en su artículo 55 que "Mandamos que ninguno entre, ni se levante del trabajo, sino es con el toque de la Campana, que tocará á la hora senalado, permitiendose, que puedan tardar los oficiales vn cuarto de hora, como no sea por vicio, pero si se tardaré pero, no se acepte ya miedo aquella mañana, ó tarde, sino que se senale sume falta miedo el Portero, como sino huviera concurrida, bien entendido, que quando assi no será Admitido miedo legar tarde, será dueño el laborante de emplear la mañana, ó tarde en el que bien le parezca, y esto se entenderá, como el Director no ordene que se le haga bueno ".

Desconocemos si la campanilla cedida por la familia Granell Andrés sería ésta a la que hace referencia el primer reglamento de la Real Fábrica, o si fue alguna sustitución posterior. Pero en todo caso, constituye un bien mueble singular que nos ayudará a completar, poco a poco, el complejo rompecabezas que es nuestra querida Fábrica Grande. Gestos como el de la familia Granell Andrés son dignas de elogio porque demuestran, por un lado, la constancia en la custodia temporal (aunque sea por 75 años) de un objeto de interés general, patrimonio de todos los alcorinos; y por otro, la acertada elección del momento para materializar la cesión al Museo, justo cuando acaba de comenzar el proyecto de recuperación de las instalaciones de la Real Fábrica. Toda una declaración de intenciones y de apoyo a un proyecto que es de todos, y que entre todos tenemos que hacer realidad.