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APUNTES DE PATRIMONIO CONTRA EL CONFINAMIENTO # 36

"El Cacharrero"

La extraordinaria producción de la Real Fábrica de los condes de Aranda experimenta una evolución en cuanto las decoraciones de las piezas a lo largo del siglo XVIII, con el propósito principal de adaptarse a los gustos cambiantes de la sociedad y mantenerse así siempre "a la moda". Normalmente estos cambios solían coincidir con el relevo en el cargo director, que siempre llevaba implícito una renovación de los modelos ornamentales o, cuando menos, la aportación de nuevos motivos al conjunto de las decoraciones preexistentes.

1771 Gabriel Andrés es nombrado director artístico de la Real Fábrica. Entre las novedades que introducirá en el campo artístico se detecta una cierta estandarización en las composiciones, con un motivo principal en medio de las piezas (platos, fuentes, bacines de barbero ...) y motivos menores repetidos en el ala que recuerdan, simplificados, al central. Uno de estos nuevos estilos es lo que popularmente se llama "Cacharrero", que toma este curioso nombre de un lienzo homónimo de Goya.

El estilo "Cacharrero" se caracteriza por un ramito vegetal que combina hojas y frutas (peras, manzanas, membrillos u otros, según los investigadores). Son decoraciones generalmente en suave policromía (ocre, verde, amarillo, azul ...) que presentan la mayoría de sus elementos (hojas y frutos) en 2 colores, dando así una cierta sensación de volumen. A pesar de su aparente simplicidad, o quizás precisamente por eso, el "Cacharrero" va alcanzado un gran éxito comercial, hasta el punto de ser el protagonista de una de las obras maestras de uno de los genios de la pintura universal: Francisco de Goya y Lucientes (1.746-1828).

Pintado en 1778-79, este óleo sobre lienzo sirvió de modelo para un tapiz destinado a la decoración del dormitorio de los príncipes de Asturias en el Palacio de El Prado, y formaría pareja con otro tapiz, "La Feria de Madrid" . Llamado también "El puesto de loza", representa una escena de venta ambulante de loza de Alcora. La genialidad del pincel del aragonés universal nos permite identificar el motivo decorativo de la vajilla en venta, cerámica de Alcora, considerada entonces como un producto lujoso.

Respecto a la interpretación de la obra, según el Museo del Prado, el "Cacharrero" es una escena compleja, que presenta la vida en la ciudad, de apariencia de calle y cotidiana. Un vendedor valenciano (en descripción del propio Goya), con su atuendo característico, ha distribuido su mercancía en el suelo, que vende a dos jóvenes y una vieja. Al fondo, una carroza pasa rápida, con una elegante dama en su interior, a la que miran dos caballeros sentados de espalda. Bajo el aspecto de una bulliciosa escena de mercado se esconde otra de deseos insatisfechos: las jóvenes ante el vendedor anhelan sus bellos vasijas de loza, símbolo de la fragilidad femenina, mientras que los caballeros sentados sobre la paja, símbolo de la vanidad de las cosas, dirigen su mirada a la aristocrática dama que pasa veloz en su carroza.

Más allá de las académicas interpretaciones, a nosotros nos interesa la escena del primer plano. Una escena de recocido, en definitiva. Podemos imaginar, fuera del marco visual pintado por Goya, las caballerías ligadas a un árbol o una valla, descansando del duro camino entre Alcora y Madrid, y al resto de arrieros pregonando las excelencias de su género y captando la atención otros posibles clientes. Podemos imaginar también el porteador protagonista, momentos antes, cambiándose la vestimenta sudada y sucia del camino por otra más acorde a la función comercial que debe desarrollar en llegar al punto de venta, en una estudiada estrategia de marketing de las que, según la tradición popular, los arrieros de Alcora sabían, y mucho. Ya lo decía el lexicógrafo y dialectólogo Joaquín Martí Gadea (1837-1920), que pareció de Alcora era "Afectar ser bobo, simple o vendas, siendo en realidad astuto y muy listo (" Tipos, modismos y cosas raras y curiosas de la tierra del GE, recogidas y ordenadas por un aficionado, muy entusiasmado de todo el de ella ", 1908)".

Podemos imaginar también Goya encontrando alguna recocido de Alcora llegando a Madrid, y quedándose sorprendido por la calidad del producto, muy apreciado en la "Vila y Corte", y por la habilidad comercial de los componentes de la comitiva. Quién sabe si José Dols, Cristóbal Nebot, Ramón Negro, Joaquín Tomás, Cristóbal Grangel, Joaquín Mallol, José Granell, Cristóbal Mascarós, todos arrieros alcorinos documentados por aquellos años, no llegaron a conocer y tratar con Francisco de Goya. Quién sabe si el "vendedor valenciano" inmortalizado al "Cacharrero" no es alguien de ellos. Podemos imaginar ... porque el arte y la cerámica nos lo permiten, nos invitan a imaginar.