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APUNTES DE PATRIMONIO CONTRA EL CONFINAMIENTO # 39

El entierro íbero del Tossalet de Montmirà

Entre los años 1990 y 2000 se llevaron a cabo una serie de campañas de excavación arqueológica en el poblado íbero del Tossalet de Montmirà. Se trata de un yacimiento situado en la cima de una colina de forma aplanada, a orillas del río de Alcora, protegido por una muralla que la rodea y acentúa aún más el aspecto de fortaleza que ya tiene la propia montaña por sus condiciones naturales.

Debido a esta orografía, y gracias a los resultados de las campañas arqueológicas realizadas, sabemos que en las casas del Tossalet de Montmirà accedía desde una calle central que dividía la cima en dos. A cada lado encontraríamos las casas, no todas iguales, pero sí con elementos comunes que nos ayudan a entender la vida de sus habitantes. Toda casa ibérica, independientemente a quien pertenecía, su tamaño o su número de habitaciones, contendría dos elementos principales: el hogar y el almacén. Los hogares eran el centro de la vida doméstica, en ellas se preparaban los alimentos y se cocinaba, ya su alrededor se reunían los miembros de la familia ya que el fuego servía de luz y calefacción. Por otro lado, los almacenes estarían llenos de ánforas, tenazas y recipientes donde se guardaban los alimentos y seguramente muchos de los productos que se consumían día tras día.

Durante la primera campaña de excavación, en 1990, se recuperaron los restos del esqueleto de un bebé que murió con una edad comprendida entre 3 y 4 semanas. El hallazgo se produjo en el extremo noroeste del poblado, junto a la muralla defensiva, y en un nivel por debajo del suelo del recinto donde se encontró. Está fechado en el siglo VI-V ANE. Descansaba directamente sobre una parte agrietada de la roca de la colina, y esto facilitó el proceso de extracción, que se pudo realizar en bloque. Después se depositó en el Servicio de Restauración de Bienes Culturales de la Diputación de Castellón, que se encargó de realizar una limpieza en profundidad y la fijación de los restos al soporte pétreo donde se localizó. Actualmente se encuentra expuesto en el Museo de Bellas Artes de Castellón, en la vitrina de rituales funerarios ibéricos.

En el mundo ibérico no son extrañas estos hallazgos, ya que se trata de rituales funerarios de ámbito doméstico. Más difícil es interpretar su significado y son varias las teorías que intentan dar explicaciones. Las más aceptadas son dos: en primer lugar se describe estos ritos como modo de protección familiar por parte de los niños muertos prematuramente, es decir, el bebé ejercería una función protectora de la casa y de sus habitantes; en segundo lugar, estos ritos se interpretan ligados a un ciclo de inicio y / o final, es decir, momentos fundacionales vinculados a aspectos de la vida ibérica o actividades productivas.

Las causas de muerte de los niños enterrados siguiendo ambos ritos tampoco está consensuada. Una de las opciones propuestas obedece a muertes naturales por causas diferentes, normal si tenemos en cuenta la alta mortalidad infantil en esta época. Otra hipótesis es el infanticidio, ya fuera con fines de control demográfico, por defectos congénitos del bebé o simplemente como parte del rito.

En el caso del bebé del Tossalet de Montmirà, estamos ante un ritual en el que se conjugan varios elementos. El esqueleto se encontró bajo los niveles de la casa, con fracturas y desplazamientos en los huesos de la cara y junto a un hornillos. Todas estas evidencias nos hacen pensar que se trata de un ritual de ámbito doméstico, en el que primero se entierra el cuerpo en un rito en el que el fuego ejercería de elemento purificador. Nos quedan las incógnitas de si su muerte fue natural o provocada y si las fracturas de su cara responden a una desfiguración propia del rito. Sea como sea, se trata de un hallazgo excepcional perteneciente a un ritual que los iberos reservaban a sus miembros más jóvenes, ya que la práctica funeraria habitual era la incineración. De hecho, en otro lugar de Alcora, en el yacimiento de El Saltador, se encontraron en 2013 los cuerpos de 5 recién nacidos pertenecientes a la época ibero-romana, lo que demuestra la pervivencia de esta práctica durante toda la existencia de la Cultura Ibérica en nuestro territorio. Estos enterramientos infantiles fueron objeto de una exposición en el Museo de Cerámica de l'Alcora entre octubre y diciembre de 2013.