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APUNTES DE PATRIMONIO CONTRA EL CONFINAMIENTO # 14

Jarras para aceite. Atribuidas a Marcelo y Miquel Aicart.
Altura: 123 cm. Mediados del siglo XIX
Museo de Cerámica de l'Alcora. MCA-751; MCA-752

En la Costera del Abogado se encontraba hasta 2001 la Cámara Agraria de Alcora. Cuando se derribó este edificio para urbanizar lo que hoy se conoce popularmente como "Plazoleta de la Oca", se recuperaron 2 monumentales jarras para el aceite que había en la planta sótano, sobre un banco de piedra, completamente cubiertas por una capa de yeso y macetas de borde 10 cm de espesor. Por sus dimensiones, no podían extraerse ni por la puerta ni por ninguna ventana o balcón, por lo que se esperó al derribo del edificio para poder acceder y recuperarlas.

En 2005 se restauró, eliminando esta gruesa capa que ocultaba su forma pero que a la vez también las protegía. Se confirmó, entonces, que por tipología y decoración eran de producción local, como por otra parte era fácil presuponer, con los típicos cordones con digitaciones que decoraban tiempo servían para reforzar la pieza en el momento de su elaboración.
Consultado nuestro especialista en barro, lo mejor que podemos tener, Antonio Nomdedéu, nos confirmó que, efectivamente, eran de producción local, pero que no eran de su familia, porque ni él y sus hermanos, ni su padre ni su abuelo, nunca habían hecho jarras tan grandes.

Había una pista que nos podía identificar el taller de origen de las piezas. Antonio siempre nos decía que su padre recitaba una cuarteta, una breve estrofa, que decía: "¿Qué disgustada está la gente / Porque ha muerto el tío Marcelo / Pero queda Miguelete / Que las hace de treinta" al pelo ". El "tío Marcelo" y Miguelete eran dos alfareros, padre e hijo, especializados en las jarras de aceite de gran formato; y el "30 al pelo" de la estrofa se refería a la capacidad de estas jarras: 30 arrobas (es decir, 364,2 litros). El padre de Antonio, Pedro Juan, no les había conocido, pero su fama sí le había llegado. Las jarras de la Cámara Agraria cumplían con lo que dice la cuarteta, pues calculamos que tienen una capacidad de 370 a 420 litros (30-35 arrobas).

Averiguando en el archivo parroquial pudimos identificar estos 2 alfareros. Se trata de Marcelo Aicart Huguet (1780-1848) y Miquel Aicart Masó (1812-1878). Miembros, además, de una de las familias alfareras más longevas de Alcora, que ya es decir. Conocemos unas primeras referencias de Aicart (Aycart) alfareros que no hemos podido emparentar directamente con Marcelo: Juan Aycart, alfarero en 1632, y Sebrià Aycart, propietario de un horno de barro en el arrabal de San Roque en 1731.
El linaje alfarero directo de Marcelo (o Marcelino, como aparece en los documentos) y Miguelete comienza, por lo que sabemos hoy, con José Aicart, padre de Marcelo, que tiene obrador en el arrabal del Convento (junto a la Real Fábrica) ya 1791. Continúa la estirpe con nuestros dos protagonistas, sigue con Pascual Aicart Montells, nieto de Marcelo y sobrino de Miguel, y finaliza con Alfredo Aicart Nebot, que desde 1934 trabajó con los Nomdedéu ya principios de la década de 1950 se establecer por su cuenta, por un breve periodo, alquilando uno de los hornos redondos de la Real Fábrica que se conservan en la actualidad. En el árbol genealógico que adjuntamos se explica y entiende mejor toda esta información.

Y aún hay una última derivación familiar, pues un sobrino de Alfredo Aicart, Vicente Artero Aicart, fue uno de los últimos escultores de la Real Fábrica y reparó y ordenar los moldes de las esculturas de la Fábrica Gran después de la Guerra Civil . Hoy, parte de este legado de Vicente Artero se conserva en el Museo, gracias a la donación de sus sobrinos Salvador Plaza Artero y Maribel Vivas Gargallo.